La Argentina que viene

El prestigioso diario Clarin de Argentina realiza una serie de consultas a distintos referentes y consultoras sobre la economía que viene para el año próximo.

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Análisis de contexto económico local e internacional en un nuevo gobierno conducido por Alberto Fernandez y Cristina Fernandez de Kirchner.

Nota Diario Clarin

La economía que viene
En 2020 Argentina enfrentará un escenario global complejo

Pese a que Alberto Fernández sueña con repetir el contexto económico que tuvo la presidencia de Néstor Kirchner, para los analistas las chances de que eso ocurra son reducidas. Esta vez la economía global se desacelera, no se disipan las tensiones entre Estados Unidos y China, los precios de los commodities están lejos de los récords y Brasil aún no muestra señales claras de recuperación. El único elemento a favor sería la baja de las tasas por parte de la Fed, pero eso recién impactaría una vez que se haya reestructurado la deuda y el país pueda volver al mercado.

“Del lado externo no habrá viento a favor como lo hubo en la salida de 2001. Es muy difícil que el contexto internacional vuelva a ser tan bueno para Argentina como lo fue en 2002/2003”, indica Eric Ritondale, economista de Econviews. La descripción de aquel momento incluye la irrupción de China como un factor dinamizador del comercio mundial, la suba de los commodities —que llegaría a su pico en 2008 con la soja superando los US$600— y nuestro principal socio comercial, Brasil, multiplicando su PBI por cinco en diez años. “Es muy difícil que se replique el boom de las materias primas, en parte porque el impulso de China ya pasó. China ya está buscando empezar a producir y no depender tanto de ciertos bienes”, señala Ritondale. En cuanto a la soja, afirma que “nos vamos a tener que conformar con un valor de US$300”.

Si bien las exportaciones, aún en un contexto menos favorable que el de la presidencia de Néstor Kirchner, presentan perspectivas favorables, para Econviews “el riesgo es que a partir del cepo se genere una brecha cambiaria muy alta que empiece a distorsionar todas las decisiones. Por ejemplo, con una brecha muy alta los exportadores no van a querer vender. Por eso el desafío es complejo”.

Para Lorenzo Sigaut Gravina, director de Ecolatina, “el mundo relevante para la Argentina está bastante anémico. Brasil no termina nunca de salir de la crisis.Con Estados Unidos y China peleándose, el comercio internacional está un poco turbulento y esto tensiona la parte financiera”. Pese a estos cambios, para el economista “no es un contexto desfavorable, aunque no es tan favorable como el que arrancó en 2003. Lo bueno es que ahora las condiciones financieras siguen siendo laxas y hay chances de reperfilar la deuda en un contexto global de tasas bajas. Entonces las tasas altas que paga Argentina pueden ser interesantes. Y también ayuda si mañana queremos reabrir el mercado y extender los plazos de la deuda”.

“Argentina no va a tener crédito externo por una buena cantidad de años. Primero hay que demostrar que se está pagando deuda y recién ahí podría pasar”, señala Ritondale.

“Argentina está en una situación que para poder beneficiarse de cualquier panorama externo primero va a tener que resolver lo que ocurre acá adentro”, sostiene Martín Kalos, de Elypsis. “El mundo está desacelerando su crecimiento y refuerza políticas proteccionistas. En general empieza a verse un acortamiento de las cadenas globales de valor, que hasta hace diez años estaban extendiéndose hacia nuevos países para tercerizar más la producción. Hoy se van acortando los eslabones. Es una tendencia más reciente, pero parece ser bastante clara”.

“Tenemos un mundo que no puede aportar lo mismo que aportó en 2003 y 2007 porque entonces había demanda y buenos precios para lo que Argentina exporta. El remate es la cuestión regional. En 2003/2007 teníamos más afinidad política con los gobiernos vecinos y eso se veía también en el tipo de políticas públicas que se implementaban. Hoy tenemos una América Latina más disímil en políticas de desarrollo, con países en crisis absoluta y sin estrategia alguna”, relata Kalos.

Con el contexto global en contra, ¿la salida de la crisis la aportará el mercado interno? “No soy muy optimista en ese ámbito”, dice Ritondale. “Ahora hay capacidad ociosa como había en 2003, pero el asunto es que estén dadas las condiciones económicas para que se produzca la reactivación. Hoy no hay mercado de pesos para nada, es muy difícil en este marco hacer crecer sostenidamente la actividad. Se requiere un programa que permita restaurar la confianza”, apunta.

Ritondale marca otra diferencia y es que “después del 2001 la economía se monetizó muchísimo. Había una fuerte demanda de activos en pesos. La demanda de pesos se apoyaba sobre un superávit externo que llegó a ser equivalente a 8 puntos de PBI de 2002. Hoy nadie está esperando que eso se repita. Hoy no tenemos esa perspectiva que nos haga pensar que en el mediano plazo los dólares van a sobrar”. Además, menciona que en 2003 “la economía ya rebotaba, no se pagaba deuda, los precios internacionales respondían, no teníamos inflación. Sin duda esta situación es más compleja y va a ser más desafiante”.

“Lo positivo es que esta vez, a diferencia de 2001, no tuvimos crisis política ni bancaria. Y también que la situación social no es la de aquellos años, cuando el desempleo era del 22%.Pero hoy estamos en una economía que hace diez años que no crece. En este tipo de dinámicas muchas veces se termina sobreajustando”, señala Ritondale.

Con ese pronóstico, Econviews prevé una caída de 2% del PBI en 2020, con el primer y el segundo trimestre en baja y luego el inicio de la recuperación. “Este es nuestro escenario base con cierta dosis de optimismo. Supone que se reestructura la deuda y la inflación se estabiliza. Si la inflación de 2020 es del 50% anual, es un éxito”.

Para Sigaut Gravina el escenario sigue siendo demasiado incierto aún. “En el corto plazo parecería que todavía puede caer un poco más el nivel de actividad. Hay que esperar, estamos con nuevo presidente pero sin un plan explícito y sin equipo anunciado. Hoy es un signo de pregunta”.

El escenario base de Martín Kalos supone una caída de 1,6% del producto en 2020. Pero advierte que “la contracción de estos meses está dejando un arrastre que juega en contra y entonces el -1,6% pasa a ser un escenario optimista. Supone que la deuda se renegocia de forma ordenada a mediados del año que viene. Si se demora más, ya estamos hablando de que la recuperación habría que esperarla al menos hasta 2021”.